IPEF
INSTITUTO PANAMERICANO
DE ESTUDIOS DE FAMILIA
La educación sexual ha de ser clara y gradual.
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Claridad en la explicación.
Que el niño no se quede, después de que se le haya hablado, con más dudas de las que antes tenía. Escucharlos mucho y con atención. La ignorancia no es buena. Puede ser, incluso, causa de problemas en sus diferentes roles como adulto.

Claridad sin mojigaterías.
Darles en estas conversaciones orientaciones más que regaños, hablarles con claridad sin inculparlos y sin hacer escrúpulo de todo.

Claridad llena de sencillez.
No transferir a la ingenua alma del niño el doble fondo de muchos de nuestros pensamientos. El pequeño pregunta sobre estas cosas de la misma forma que lo hace sobre cómo se podría coger la luna y cuántas son las estrellas. Y con esa misma sencillez, aunque adaptando nuestra explicación a su mentalidad, se le debe referir el plan maravilloso de Dios al incorporar al padre y a la madre a la tarea de la procreación dentro del cálido ambiente familiar.



Vistas algunas circunstancias que dificultan la adecuada educación sexual de los hijos, revisemos algunos criterios que pueden servir de guías de ayuda a los padres para enseñar a los hijos a que vivan y asuman su sexualidad: libre, responsable y armónicamente integrada en su ser personal.

No eduques a tus hijos por igual,  basate en sus Periodos Sensitivos
Nombre:
Apellido:
E-mail:
De 0 a 6 años
Preadolescente
De 6 a 11 años
Adolescente
Clara
Gradual
El que la educación sexual deba ser clara no quiere decir que sea total desde el primer momento. El conocimiento sexual ha de ir adquiriéndose paulatinamente al compás del desarrollo corporal y espiritual, desde los cuatro o cinco años hasta la muerte. La sexualidad es un proceso continuo que no termina nunca. La persona es como una sinfonía siempre incompleta que se esta haciendo continuamente. Enfocándonos en las etapas del desarrollo que nos ocupan, la educación sexual irá evolucionando armónicamente toda la personalidad, primero del niño y después del adolescente.

Cuando vaya recibiendo la instrucción correspondiente a cada etapa -ni más ni menos de la que entonces le es conveniente- el muchacho tiene que sentir la impresión de que todo eso lo había vislumbrado y que encaja maravillosamente en lo que ya conocía.

Dedúzcase de esto que debiendo ser la instrucción diversa según la edad, o, mejor aún, según el grado de desarrollo corporal y anímico de cada muchacho, deberá realizarse de modo individual, pues lo que convenga decir a éste, acaso aquél, aunque tenga la misma edad, no está todavía en condiciones de comprenderlo.